Nosotros, los inadaptados

A principios del siglo XX, una generación de gallegos respondió a una preocupación creciente: nuestra forma de vivir, de pensar y de expresarnos estaba siendo corroída y controlada por poderes ajenos. La Generación NÓS se esforzó por devolver a las personas de nuestro país la soberanía sobre sus propias vidas, a través de la recuperación de su dignidad, de su historia, de su lengua, de la propiedad de su tierra y del control de su futuro.

Un siglo después, a las preocupaciones de aquellos hombres se suma una nueva. El pensamiento, la expresión, las relaciones sociales, el trabajo, el ocio, el comercio… han sido digitalizados a una velocidad vertiginosa, al tiempo que internet dejó de ser el espacio de libertad y soberanía que prometía en sus inicios. La tierra que pisamos y trabajamos ha pasado a ser, en gran medida, virtual… y, definitivamente, ya no es nuestra. Nos informamos, hablamos, organizamos, compramos y vendemos a través de una infraestructura de dispositivos, aplicaciones y redes de funcionamiento opaco y fuerte control estatal y empresarial, diseñada para que hagamos todas esas cosas de la manera que mejor beneficie a sus dueños. El software privativo nos impide tener control completo sobre lo que hacen nuestras máquinas, mientras que el Big Data y la economía de la atención están convirtiéndonos en personas esclavas de las pantallas, ansiosas por alimentar con lo más íntimo de nuestras almas el engranaje de poder más extenso y profundo que ha existido nunca.

Ni los peores tiranos del siglo XX soñaron con la posibilidad de tener acceso total a lo que sus ciudadanos piensan y dicen, a sus gustos y deseos, a la lista completa de sus relaciones familiares, sociales y profesionales, a su localización exacta en cada momento, o al detalle de su poder adquisitivo y de su actividad económica. Registrando y entregando continuamente nuestra vida digital a las grandes corporaciones tecnológicas y a los estados que las gobiernan, estamos alimentando tiranías futuras de auténtica pesadilla.

Sin embargo, el anonimato en las redes, la privacidad online y la soberanía sobre los propios datos aún son posibles, aunque requieran conocimientos específicos y una fuerte voluntad de emanciparnos. El software libre y la criptografía nos ofrecen herramientas seguras y poderosas para limitar fuertemente el control de terceros sobre nuestra vida digital. Si los inadaptados del siglo XX fueron intelectuales que no se resignaron a leer y pensar lo que les decían, y buscaron referentes filosóficos y literarios que les permitieran entender de otra manera el mundo que les tocó vivir, los inadaptados de hoy bebemos de los Cypherpunks, de John Perry Barlow, de Richard Stallman o de Satoshi Nakamoto, para proclamar la posibilidad y la necesidad de que nuestros dispositivos informáticos y los datos que generamos y tratamos con ellos vuelvan a ser única y completamente nuestros.

bitnós, soberanía digital

Bitnós es un proyecto profesional surgido en el rural ourensano, impulsado por personas expertas en privacidad digital que quisimos llevar también a este ámbito nuestra apuesta vital por la autonomía y la libertad. Detrás de bitnós estamos:

MIGUEL

Licenciado en Filosofía, entusiasta de la Informática y apasionado por la relación entre ambas. Me preocupan seriamente el impacto antropológico que las TIC están teniendo en nuestro tiempo, las implicaciones éticas y sociales de la revolución tecnológica que estamos viviendo, y la capacidad inaudita que la digitalización de todo otorga a gobiernos y grandes corporaciones para manipular y controlar la vida de las personas. Por eso, llevo media vida formándome y haciendo activismo en favor del software libre, la criptografía y la privacidad digital.

MARIA

Hace ya muchos años decidí que quería dedicarme a la defensa de la autonomía personal, a la recuperación de la soberanía sobre nuestras vidas. Estudié y desarrollé esta perspectiva aplicándola sobre todo al cuerpo y a la salud (en la última década me he convertido en una activa divulgadora de la farmacopea open-source), hasta que me di cuenta de que, si nuestra vida es cada vez más digital, tiene todo el sentido aplicar a las herramientas informáticas los mismos principios de conocimiento libre y soberanía personal.

Scroll al inicio